Photographer Mhairi Bell-Moodie talks about her feminist photo project

After the #Metoo campaign, it was painfully obvious how every woman suffers abuse at a global level. It also proved that it could happen to woman, from any country, social status, race or religion. It also hurt to see friends sharing that hashtags and wonder why we didn’t notice anything. The thing is that we can’t know unless we share. And that’s a really brave thing to do.

Scottish photographer Mhairi Bell-Moodie has worked during the last year on a project that shows 25 brave women and their stories. They’re not only about abuse, and some aren’t issues that only occur to women, but they’re definitely more frequent for us.

After some travelling in Australia, Mhairi realised that she wanted to be a photographer. She got her photography degree at Edinburgh College, and even during that time her projects were always related to real people’s lives; she immersed herself in documentary photography. “From the beginning, I liked meeting new people.  I wanted to re-tell their stories rather than create fictional ones.”

The experience of taking portraits of friends and acquaintances showed her the importance and positive impact of those photos: they helped those women to feel prettier, stronger, more powerful. The honour of hearing some personal stories began right there, as well. The project idea started to take shape.

Nevertheless, She Persisted is the title of her photography project. Since November 2016, Mhairi met with anyone who “identified a woman” and wanted to be the focus of her camera. Many women talked to her; some of them are in the final project, a few aren’t– “they just wanted to talk”, she explains.

“We really need to support each other” was her realisation after attending the Women’s March in Edinburgh last year, and this project was her way of doing it. She contacted different charities and women’s associations and introduced her idea.  A year later, she had visited Edinburgh, Fife, East Lothian, Glasgow and Aberdeen to take photos of women in the intimacy of their homes.

“Many of the issues covered in this project are hard to talk about; addiction, loss, abuse, illness – but it is vital they are discussed so that we can gain a better understanding of them”, she says.  For Mhairi, it was “really overwhelming in some cases”, she says. “But it was important to tell their stories”, she explains.

The last question was “What do you want to achieve with this project?”, and her answer was very clear:

“I hope that the women who participated realise their own strength and feel proud of using their voice in this way.  I hope that women viewing the project realise they are not alone. I hope that people can learn to be less judgemental of others because you might never know what someone else has gone through”.

'Nevertheless, she persisted' poster
‘Nevertheless, she persisted’ poster

The project launch is March 8th, International Women’s Day, on Mhairi’s website.

Featured image by Mhairi Bell-Moodie

Moda sostenible y ética: guía para principiantes


Seguro que últimamente has escuchado de forma reiterada los términos “moda sostenible” y “moda ética”; es probable que te hagas una idea de lo que abarca y también es posible que te resulte un sistema de consumo demasiado complicado como para participar. Es cierto que supone un gran cambio de hábitos a la hora de comprar ropa, pero son cambios fáciles y necesarios que te encaminaran al único futuro posible en la industria textil: las sostenibilidad. Que no te abrume toda la información disponible, que por suerte es mucha y de calidad, y empieza a dar pasos en la dirección correcta. Leer este artículo puede ser el primero.

¿Qué es la moda sostenible y ética?

Como las propias organizaciones ecologistas afirman es difícil aportar una definición exacta, pero lo que sí tienen claro es que hay ciertos requisitos que se deben dar durante la producción de la prenda para ser ética y ecológica, como un sueldo y condiciones de trabajo dignos para todos los trabajadores de la cadena de producción o el uso de materiales ecológicos. La diseñadora de moda Andrea Jara afirmaba, en la página de la Asociación de Moda Sostenible de Madrid, que “la primera regla de la sostenibilidad es cambiar el consumo masivo por un consumo responsable y mesurado. Esto es aplicable tanto al consumidor final, como a las empresas productoras”. Además, mencionaba los tres ejes sobre los que esta sostenibilidad tiene que tener presencia: “el ecológico, el social y el económico”.

Aunque hasta hace relativamente poco la sociedad occidental no había notado las consecuencias de la producción textil, el daño y la influencia negativa de la misma ha ido creciendo hasta convertirse en la segunda industria más contaminante, después de la petrolera. Un dato importante que se dejó claro el año pasado durante el evento Madrid es Moda Sostenible, el primero en España dedicado a esta alternativa a la industria actual, es que la industria de la moda abarca muchas otras (producción, transporte, venta, etc.) y que por eso tiene tanto impacto. Si bien nuestro poder como consumidor llega al final, a la hora de comprar y de actuar ante el ciclo de vida de las prendas que poseemos, tenemos también la capacidad de exigir a las empresas productoras que durante ese largo proceso mantengan una serie de compromisos sociales y medioambientales y que lo hagan con transparencia, como reclama la asociación internacional Fashion Revolution.

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Fuente: Fashion Revolution

¿Cómo empiezo el cambio?

Primero tienes que querer dar el paso y si estás leyendo este artículo, posiblemente quieres intentarlo al menos. Hay muchísimo contenido en libros y en internet, además de lo más importante: mucha gente que está en el mismo camino que tú. Te resultará muy fácil encontrar grupos en Facebook donde poder preguntar y leer las dudas y consejos de otros consumidores de moda sostenible. Un buen primer paso puede ser también echarle un vistazo a este par de documentales, ambos en Netflix: The true cost te ayudará a hacerte una idea del coste humano de la ropa y sabrás más sobre el terrible accidente del Rana Plaza y las verdaderas víctimas de la moda (1138 muertos), y Minimalism, un documental sobre el estilo de vida minimalista, ya que en muchos casos el consumo de “fast fashion” (término que se refiere a la moda de consumo rápido y fácil) viene dado por un afán de poseer más objetos y no por el hecho de necesidad. En definitiva, el primer paso es el conocimiento.

¿Dónde compro?

Es cierto que no te vas a encontrar este tipo de tiendas en el centro comercial más cercano, ni pasarás por cinco locales en tu ruta de paseo habitual, pero no es tan complicado como parece. Con una rápida búsqueda en internet te darás cuenta de que hay más tiendas físicas en tu ciudad de las que pensabas. Si estás en Madrid, por ejemplo puedes encontrar el espacio The Circular Project, con una amplia selección de marcas y cuya fundadora Paloma García es un referente en el impulso del movimiento de la Economía del Bien Común en España desde hace años. Además, tienes las tiendas y mercados online, como Fair Changes. Los grandes medios también se están haciendo eco de este proceso de cambio en la industria y rápidamente han creado contenido y han recopilado tiendas y marcas en sus artículos. Por otro lado, Instagram se ha convertido en el escaparate de un gran número de marcas que abogan por la sostenibilidad, facilitando la compra de sus productos a través de internet. Próximamente habrá una nueva opción: Ethical Time, la primera app de moda sostenible creada en Barcelona cuyo equipo ha conseguido la financiación necesaria para el proyecto.

Buy less, buy better – Vivienne Westwood

Sin embargo, la reducción del consumo en su totalidad por una temporada sería lo más aconsejable. La famosa pirámide de Sarah Lazarovic podría marcar tus pautas de consumo al principio: primero, comienza utilizando tus prendas todo lo posible, ya que se tiran 8 millones de toneladas de ropa al año en Europa. Después puedes intercambiar prendas (clothes swap) con tus amigos, recurrir a las tiendas de segunda mano o al llamado upcycling, que consiste en mejorar o arreglar una prenda ya existente con trozos de prendas usadas para así alargar su ciclo de vida. Desde luego, entender que consumo no es consumismo y que “no hay ropa más sostenible que la que ya existe” es un aspecto muy importante para avanzar en la dirección de la sostenibilidad.

Una vez inmerso en el proceso del cambio de consumo de moda la cosa se complica, y lo que creías correcto resulta ser simplemente menos malo: la procedencia del material no es 100% ecológica o ética, hay una parte del proceso que no es transparente, aparece el término greenwashing (o técnica de marketing que consiste en hacer un lavado de imagen a una marca creando un par de proyectos éticos mientras el resto de su inmensa producción sigue contaminando y explotando) y empiezas a dudar de los pasos que has dado y quieres dar. Es normal, y debes tener claro que esto no quita valor a tus acciones previas. La moda sostenible es definitivamente la única manera de consumo posible para un futuro a largo plazo y cada pequeño cambio en nuestros hábitos tienen un gran impacto. Y si a esto le sumamos la crítica a las grandes compañías por su forma de producción y el reclamo, o mejor dicho, la exigencia de una nueva industria, la revolución de la moda será inevitable. ¿Vas a formar parte de ella?

Why do we follow the Black Friday trend?

Since last week, every time I am browsing through internet, ads keep popping up to let me know that Black Friday is around the corner. This year, it seems that some stores and big companies won’t wait until the day following Thanksgiving, when the event it’s supposed to be celebrated since these big scale sales started in the United States. Black Friday is now a whole week of scandalous sales and crowed malls, where people waits hours before the doors open.

Many Americans used to see this date as the beginning of the holiday season, and the best moment to buy all the gifts for their families and friends. Then, companies were smart enough to see it as a business opportunity to encourage consumerism. Years after, Black Friday got to Europe.

It started with big discounts on clothes items and tech, but now it reached jewellery brands, bookstores, and even restaurants. People are ready to jump on those deals, and it’s expected that shoppers spend about £2.6bn, or £1.8m per minute, this year in the UK.

However, why are we participating in this? Some may say that it’s a great chance to go shopping and get everything we need before Christmas. It’s understandable because, look at all the deals! This could be a proper reason if this wasn’t often untrue.

During the past years, customers have complained about the misleading offers in many products, meaning that, actually, many items do not really have a discount or that the stores play with the offers tags to attract customers. “Now £250, before £700” may be in reality a £20 discount from £270. It is still a discount, but the reaction that they get from the customers is very different. Consumer organization Which? has “tracked the prices of 35 of the most popular products[…], and found that six in ten Black Friday ‘deals’ didn’t quiet add up”. This group also offers a couple of advices to avoid these situations: “look at the price, not the saving” and “do some research in advance” so you decide beforehand what to buy.

They are useful tips, but with this information in our hands, there isn’t space for the “it’s a great deal and once in a lifetime opportunity” thinking anymore. Maybe, avoiding this event completely would be the best option. That will definitely help us stay away from doing some impulsive purchases and buying things that we don’t really need, and fight the inevitable attraction that we feel towards that ‘80% discount’ sign.

In addition, we have to consider the waiting time, all the pushing, stampedes and the possible minors injuries –or big ones in some occasions- that we may suffer while trying to check if we are being deceived, at the same. Ask yourself, is being part of Black Friday events worthy?

Text for the University of Edinburgh

10 cosas que descubrí sobre Taipéi

Hay varias formas de viajar a un lugar desconocido: la primera es el paquete turístico que ofrece escasos segundos para las fotos de rigor, en el punto más turístico y concurrido de la ciudad, además de la amplia parada para comprar en las tiendas establecidas por el guía; otra manera es la de preparar hasta el más mínimo detalle del viaje, documentándose sobre el sitio y con el libro lleno de anotaciones siempre a mano, por si se olvida algún detalle histórico; y la última se trata de llegar y pisar ese lugar desconocido sin ninguna idea preconcebida, sin ningún conocimiento, e investigar sus calles desde la curiosidad.

Si bien suelo hacer mis deberes antes de viajar, en el caso de Taipéi llegué con mi mente en blanco, preparada para absorber lo que esta ciudad taiwanesa podía ofrecer. Quizá por eso hay varios aspectos que me sorprendieron y se grabaron fácilmente en mi cabeza:

  1. Amabilidad. Me resultó llamativo como, a pesar de la clara barrera idiomática, los habitantes de Taipéi se esforzaron por ayudar al pobre turista. Es decir, a mí. La falta de predisposición para ayudar de algunos locales es algo que posiblemente todos, como viajeros, hemos sufrido. Aunque no se deba generalizar, ni para bien ni para mal, diré que los habitantes de la capital me dejaron con la grata impresión de que regalan amabilidad desinteresada al visitante. Algo de agradecer cuando no tienes ni idea de dónde estás y solo sabes decir “gracias” en chino.
  2. Prepara tu nariz. Sí, eso que en ocasiones hueles por la calle es el stinky tofu. Su nombre no miente, es realmente apestoso, tanto que su fuerte aroma cruzará la calle y llegará brutalmente hasta tu nariz. Las ciudades asiáticas están inundadas de diferentes olores procedentes de todo tipo de comida callejera, pero si visitas Taipéi y un olor identificable ataca tu sentido del olfato ahora sabrás qué es exactamente.
  3. Perros bebés. Ni uno, ni dos, ni tres, muchos más cochecitos de niño pero sin bebé, al menos humano, vislumbré mientras recorría las calles de la ciudad. Dentro del poco sentido que pueda encontrar a pasear a un animal así, debo admitir que los perros parecían estar muy cómodos y disfrutar del trayecto. Y también confesar que no es el único lugar donde he presenciado estos paseos.
  4. El tiempo está loco. Posiblemente el único detalle que conocía de antemano, pero claro, una no sabe hasta qué punto llega la locura climática en Taipéi hasta que la vive. Y con una mañana es suficiente para descubrirlo. Con el paraguas en mano, lista para usarlo rápidamente en el momento oportuno, observé el cielo pasar por prácticamente todos los estados posibles: nublado, con lluvia, sol, nublado de nuevo y regalando un par de diluvios.
  5. Comida inidentificable. Y que debe continuar así. Este detalle es común en muchos países asiáticos, pero aun así me sorprendió la variedad de productos irreconocibles que me encontré al contemplar los puestos de comida. Sinceramente, en estos casos lo mejor es que permanezcan en el anonimato.
  6. Ciudad artística. Lo más atractivo de la ciudad, lo que me hizo volver a visitarla sin dudar, fue su creatividad. Museos de todo tipo, exposiciones, cafeterías llenas de obras de arte y barrios restaurados que resultan una galería en sí mismos. Taipéi es una ciudad artística gracias a sus creativos habitantes.
  7. Mezcla de culturas. La capital, a veces, resulta un batiburrillo de culturas asiáticas. A lo largo de una gran calle puedes escuchar música en chino, japonés y coreano, además de ver tiendas procedentes de los diferentes países del continente asiático. ¡Hasta hubo un momento en el que parecía que había regresado a Seúl!
  8. Mercados interminables. Esos mercados, que resultan difíciles de encontrar por Europa, llenan las calles asiáticas. Taipéi también tiene un buen número de ellos, y de un sorprendente gran tamaño. Toda esa gente, ruido, todos esos productos, el regateo, y sus puestos coloridos llenan los mercados de encanto. Si además se visitan durante el Año Nuevo Lunar, el ambiente es impresionante.
  9. Templos incontables. Cuando pisas un país como Taiwán, los monumentos tradicionales son los que captan tu atención por lo diferentes que son respecto a la arquitectura tradicional occidental. En la capital no tendrás tiempo para descansar tus sentidos porque en cada barrio un pequeño, pero muy ornamentado templo, con sus monjes y religiosos rezando dentro, te maravillará.
  10. El pato. Sin tradición alguna que lo sustente me topé con todo tipo de productos de un curioso pato de goma. La gigantesca obra amarilla del artista Florentijn Hofman pasó y se instaló un par de veces en Taiwán, creando tal sensación que la figurita de plástico siguió estando presente en muchas tiendas como souvenir. Curiosamente, cuando llegó el turno de Seúl también tuvo el mismo efecto, aunque cesó la locura tras abandonar el lago más grande de la ciudad coreana.

Estos son mis 10 puntos, esos que se anotaron en mi cabeza al recorrer las calles de Taipéi. Pero, ahora que lo pienso, quizás no deberías haber leído este artículo antes de visitar la ciudad. Tal vez deberías ser como el viajero número tres que llega al lugar por descubrir con la mochila cargada a la espalda y la mente vacía para llenarla de recuerdos. De recuerdos y de tus propios 10 puntos sorprendentes sobre la capital taiwanesa.

¿Qué cosas te sorprendieron la primera vez que visitaste Taipéi?

Foto y texto: Ana Fernández

Amalgama de creatividad en Espacio Aguacate

Arte, moda, ilustración, decoración, complementos, con hueco incluso para presentaciones de fanzines y música en directo. Este espacio transformable con nombre de fruta de la costa granadina tiene de todo. Bienvenidos a Espacio Aguacate.

En un punto estratégico entre las calles Tablas y Puentezuelas, se encuentra este local que abrió sus puertas hace apenas seis meses, con un nuevo nombre y una imagen diferente al famoso establecimiento que ya se encontraba allí.

La madrileña Luna Santiago fue la valiente empresaria que decidió aprovechar el traspaso de Lolita’s Closet y cambiar la seguridad de ese negocio por un nuevo proyecto “más especial”. Para ella, el lanzarse a esta aventura significó apostar por una moda “original, de alta calidad, práctica, versátil y que durara en el armario muchos años”.

Creatividad en Espacio Aguacate

Espacio Aguacate no solo tiene un nombre que homenajea a Granada con “un toque kitsch”, también reúne claramente las cualidades de un nuevo sistema de consumo donde lo fundamental es la sostenibilidad, además de un transfondo ético.

Para disfrutar de este consumo “romántico”, como la madrileña lo califica, ha contado con jóvenes diseñadores, marcas y artistas de toda España. En sus paredes hay colgadas obras de Bigotesucio; en sus estanterías,  joyería de Pedrusco y piezas de Carmen Oliver, La tía púa, Miguel B y Paloma Almagro, quien además de crear preciosas ilustraciones trabaja en este espacio; y en sus percheros se pueden encontrar prendas versátiles de la marca Bite, Rita Row y del diseñador Mario Cruz, con sus colecciones confeccionadas por mujeres que forman parte de APRAM.

Colección de Mario Cruz y arte de Bigotesucio

Lo que más desea Luna es “que la gente no se corte” en su tienda. Que entren, que se lo prueben todo, que pregunten. Asegura que no se trata de un espacio elitista, al contrario, es un lugar abierto a todo tipo de cliente al igual que lo está a todo tipo de arte. Por eso se alegra cuando los visitantes son tanto señoras del barrio, gente joven a la que empieza a interesarle el arte o turistas japoneses.

A pesar de las ventajas de este local tan creativo, que ofrece de forma accesible una estudiada selección del trabajo de jóvenes artistas, admite que continuamente tiene que  “justificar el precio” de sus productos. Explica que los precios son más altos debido a la producción, no al nombre de la marca, ya que todo se realiza en pequeños talleres de España, y eso obviamente tiene un coste. A este gasto le sumamos la calidad de las prendas, aunque sea un aspecto sobre el que “es un poquito difícil concienciar a la gente”, confiesa. En ese número de la etiqueta está la suma del necesario apoyo al talento, a la producción e industria del país, junto a la originalidad y exclusividad.

No obstante, las dudas de los posibles compradores ante nuevas formas de consumo no son un problema específico de la capital granadina, Luna no considera que “sea más difícil que en otro sitio”.

Accesorios únicos

Otro obstáculo al que se enfrenta es al masivo abandono del centro por parte de los consumidores que prefieren un centro comercial. Si bien cree que hay negocio para todos, el golpe se lo está llevando el barrio.

Como respuesta a esta situación, los jóvenes emprendedores al mando de los modernos locales de la zona se han puesto manos a la obra para hacer algo que “el Ayuntamiento debería haber hecho”. Se trata de un práctico mapa turístico del centro, iniciado por la interesante no-librería no-galería Ovni, que reúne a los comercios en un solo sitio. Una manera de pelear contra la cruda realidad en la que “cada día cierra una tienda”. Tras un mal año, el ingenio se agudiza y, por suerte para los consumidores, las ganas no disminuyen.

Decoración original

Siguiendo esa línea de apoyo entre los comercios del barrio, Espacio Aguacate ha llevado a cabo su promoción de otoño uniendo sus prendas a personas importantes y queridas de la cultura granadina, con el fondo de lugares y locales vecinos. Con esta idea han conseguido relacionar la moda con la tienda Discos Bora-Bora, y usar El Botánico como estudio fotográfico. Esta campaña acaba esta noche con la proyección del videoclip promocional de la nueva colección a las 20.30, en la tienda. Un evento que mostrará ese claro apoyo “a los artistas tanto en moda, arte y música” del que presume este espacio.

Luna, dueña de este espacio

Solo queda advertir de forma clara y precisa sobre un importante asunto relacionado con este establecimiento: no sirven tostadas de aguacate.

Por ahora.

Texto y fotos: Ana Fernández